«En Proying tenemos la tecnología más innovadora y ésta nos ha llevado a ser líderes mundiales»

«Una empresa puntera como ésta no puede serlo si no hay un gran equipo detrás que lo hace posible». De esta manera se expresa el gerente de Proying XXI IngenieríaGerardo Beltrán, químico castellonense que desde hace 16 años está al frente de una compañía asociada a Asebec y radicada en Paterna, que ha llegado a lo más alto en el ránking mundial en cuanto a tecnología y equipos para la fabricación de fritas y esmaltes cerámicos.

 

La experiencia labrada a la largo de cuatro décadas y en cuyos inicios fue clave la figura de su padre, Gerardo, le han valido para gestionar con éxito una empresa que en los últimos años ha crecido en cuanto a diversificación, externalización e internacionalización hasta situarse como líderes en su sector, actualmente con más de 6 millones de facturación anual y con la mirada puesta en seguir creciendo en los próximos años.

 

-Hábleme de sus inicios en este sector…

Pues hace ya mucho [ríe] entré en Alaplana tras participar en una muy exigente selección. Recuerdo que éramos un grupo reducido de licenciados. Tuve la fortuna de que me seleccionaran y mi primer trabajo estaba vinculado a las líneas de esmaltado. Digamos que fue mi primer contacto con el sector, aunque después pasé por otras empresas como Fritta, Rocersa, Vernis, Cerdec, Kerafrit, Estudio Cerámico…

 

-Digamos que en su larga trayectoria ha trabajado en diversos ámbitos de la industria cerámica, ¿no?

Sí, he tocado casi todos los palos de la cerámica. Esto me dio la oportunidad de conocer de primera mano la evolución del sector y tengo que remarcar que en todos los sitios en los que he estado, he aprendido mucho. Tras este periodo en el sector cerámico, llegué a Proying, lo que supuso para mí un cambio importante de sector y hacerlo en una empresa dedicada al cien por cien en el campo de la ingeniería.

 

-¿Cómo vivió ese cambio sustancial a la hora de saltar de un sector a otro?

En cuanto la gestión empresarial tengo que decir que, asombrosamente y aunque cambies de sector, la realidad a la que te enfrentas cada día es siempre muy parecida. Los problemas suelen ser muy comunes en cada ámbito de la empresa y las soluciones que valen en un lado, bien pueden servir en otro muy distinto. Las soluciones, digamos, son perfectamente extrapolables de un ámbito a otro. Eso sí, cada uno tiene sus peculiaridades, pero al final lo que queda es el saber manejar los equipos, las personas… porque las ideas básicas de cómo llevar una empresa son muy semejantes.

 

-Pese a los conocimientos que usted ha aportado, con lo que cuenta, parece que nunca ha dejado de aprender…

Es que nunca se acaba de aprender. Yo lo he hecho a base de mucho trabajo, mucha suela, sudor y sacrificio. Es como lo cuento, pero solo así se logran los objetivos.

 

-¿Y cuáles son los principales obstáculos con los que se enfrenta?

La principal dificultad, por así decirlo, es saber manejar y dirigir a las personas. Es decir, lo más complejo es hacer un gran equipo. Y lo digo porque, la empresa la forman, básicamente, los equipos. Una persona no es una empresa, sino que la integran las personas dentro de un equipo. Es el equipo el que hace funcionar una empresa. No es una persona. El diez de un gerente [vuelve a sonreír] es no hacer nada. Es así. Cuando uno, como máximo responsable, logra no hacer nada… es porque el equipo funciona y, con él, la empresa.

 

En mi caso lo que yo hago en la empresa es dirigirla hacia aquellos aspectos que se consideran prioritarios para lograr los objetivos. De lo que se trata es de pensar en el futuro. Es decir, que el trabajo de un director de empresa, independientemente de su naturaleza, es pensar en nuevas metas y nuevos objetivos a largo plazo para su compañía.

 

Llevo 25 años de gerente de empresa y he aprendido, desde la humildad, que las empresas son las personas. Sorprende hasta qué punto el carácter de las personas se imprime en el propio carácter de las empresas para la que trabajan. Los negocios llevan implícitos el carácter de quienes los mueven. Es así. Digamos que los trabajadores se dejan parte de ellos mismos en la propia esencia de la empresa.

 

-Y entiendo que ese carácter de equipo lo ha transmitido a Proying…

Es una compañía de ingeniería puntera impulsada por ocho socios fundadores. En la actualidad cuento con 22 trabajadores a mi cargo.

 

Cuando empecé venía provisto de una serie de ideas para una empresa de éxito que ya venía creciendo. De lo que se trataba era de asegurar ese carácter empresarial en la compañía y eso implicaba mirar a futuro, afianzar las estructuras y fijar coordenadas que permitieran la consolidación de los logros, cimentar el éxito ya alcanzado, y hacerlo con vistas a lograr nuevos objetivos. Y es en ese campo, desde que entré en Proying, donde me he movido.

 

Previamente [recuerda] había cursado diferentes cursos de gestión, de ventas… entre ellos un máster de alta dirección impartido presencialmente por Esade que también me ayudó a formarme en este campo, ampliando mi visión global del negocio y abriéndome nuevos horizontes. Los conocimientos adquiridos me permitieron ponerlos en práctica ya en Proying. Lo que hice, en definitiva, fue externalizar, diversificar e internacionalizar, claves para el crecimiento.

 

Hábleme de esos inicios en Proying, una empresa que dos décadas antes ya venía funcionando con éxito.

La compañía entonces se dedicaba básicamente a todo lo que envuelve a la maquinaria para la fabricación de fritas y esmaltes cerámicos. Se trata, debo remarcarlo, de un sector en el que Proying actualmente es líder en todo el mundo. Diseñamos, fabricamos, montamos y ponemos en marcha maquinaria en fábricas completas de fritas.

 

Con esas tres directrices básicas que ya he aludido, nos pusimos a la obra. Externalizamos, diversificamos e internacionalizamos hasta hacer de Proying un gran centro de ingeniería.

 

Debo explicar que en Proying hay dos actividades empresariales: una que es Proying XXI Ingeniería y otra es la relativa al Aire Comprimido y Gases Industriales, dedicada a la venta, al mantenimiento y asistencia técnica de equipos. Somos los representantes de la firma alemana de compresores de aire industriales Kaeser en Valencia. Como gerente de Proying, soy el responsable de ambas actividades.

Por otro lado, el diseño de nuestros equipos es una de nuestras principales bazas.

También en este tiempo nos hemos internacionalizado. Saltamos al mercado mundial, abrimos nuevas oportunidades. Hoy en día, además de estar muy presentes en España, estamos en más de 15 países en América, Asia, África y Europa. El 80% de nuestro facturado proviene de los países de esos continentes.

En cuanto a la diversificación, últimamente hemos realizado con éxito una serie de proyectos que nos permiten no dedicarnos solamente a un sector industrial (el de los equipos para la fabricación de fritas y esmaltes cerámicos) sino que hemos conseguido estar presentes en los sectores de reciclaje y limpieza de residuos industriales sólidos y gaseosos y en el de equipos orientados a mejorar la eficiencia energética de los procesos industriales.

 

-Por lo que cuenta, la innovación es algo consustancial en Proying.

Así es. Es básica. En su día nos dimos cuenta que con la tecnología que comprábamos y vendíamos a terceros, finalmente éstos podían acceder directamente a ella contactando con el fabricante. Es normal. La solución a esto pasaba por innovar y desarrollar tecnología propia y avanzada. Dimos ese paso y, por ejemplo, hace unos años desarrollamos y pusimos en marcha un sistema de recuperación de calor que permite ahorrar entre un 10-15% de consumo energético, que implica, a su vez, una reducción de emisiones de CO2 en el mismo porcentaje en todos los hornos de fritas con combustión aire-gas.

 

Estamos, también como ejemplo, con unos sistemas de control con software desarrollado por nosotros, que consiguen que los hornos sean más eficientes…

 

Como un dato más, desarrollamos ya hace algunos años la oxicombustión, una tecnología que permite reducir drásticamente (alrededor del 50%) el consumo de gas en los hornos industriales. Hay que recordar que la oxicombustión emite la mitad de CO2 que la combustión gas-aire, de ahí que entendamos que sea un proceso de gran valor para la industria. Es una baza importante para la reducción de emisiones y nosotros desarrollamos nuestra propia tecnología de combustión, sistemas de control, etcétera, adaptado a esta oxicombustión y está funcionando muy bien tanto aquí en España como fuera.

 

Es decir, tenemos tecnologías que son novedosas en el mundo y esta innovación nos posiciona a la cabeza del sector hasta convertirnos en referentes en la industria.

 

Pero Proying abarca otros muchos sectores…

Desde luego. Actualmente también estamos trabajando en la fabricación de silicato sódico, que podríamos decir es similar a la frita. Trabajamos también en la limpieza de gases de los fluorocarbonados procedentes de la destrucción de frigoríficos. En este último caso, hemos diseñado un sistema basado en el uso de oxidadores térmicos regenerativos (RTO’s). Lo aplicamos en la limpieza de esos gases y estamos introduciéndonos con éxito en este sector.

 

También hemos estado trabajando en el campo de la limpieza de los humos procedentes del secado del orujo de la aceituna, fabricamos intercambiadores de calor de diferentes tipos para varias empresas. Es decir, hemos ampliado y diversificado nuestros ámbitos de trabajo porque es una manera de crecer y extender nuestro potencial innovador.

 

-Con lo que me cuenta, ustedes son especialistas en el manejo del calor y la adopción de medidas eficaces para el tratamiento de las emisiones.

Efectivamente. Es algo que aprendimos bien de la cerámica. Aprendimos a trabajar a muy alta temperatura. No hay que olvidar que los hornos de fritas trabajan a 1.500 grados, los equipos que trabajan en esas condiciones requieren del uso de una tecnología específica. Nosotros hemos adquirido los conocimientos y desarrollado la tecnología necesaria y eso es lo que estamos aplicando en otros sectores.

 

-Y ese know how aprendido en la industria cerámica lo aplican en otros sectores…

Así es. Pero no es fácil, porque conlleva detallados estudios… pero sí, esos conocimientos que se adquieren en un determinado campo al final te valen para trasladarlos a otros y hacerlo de manera muy exitosa, siempre tras un periodo de adaptación, que es clave. Y esa es una de nuestras grandes bazas.

 

-Desde su posición y sus conocimientos en este campo, ¿cómo ve la evolución hacia energías limpias, por ejemplo algo de lo que se habla tanto últimamente como el hidrógeno verde?

Estamos en contacto con diferentes entidades para profundizar en este tema. No hay que olvidar que existen enormes dificultades que se han de salvar, como la de que el hidrógeno, por unidad de volumen, tiene poco poder calórico. El hidrógeno es poco denso, muy ligero; por el contrario, como ventaja, está que es un gas que al combustionar con el oxígeno del aire, solo emite agua que es inocua para el medio ambiente.

 

Otra ventaja del hidrógeno es que puede obtenerse por diferentes vías y que se puede almacenar. Es decir, el hidrógeno es un candidato muy serio, aunque no el único en este proceso de transformación energética.

 

-Cuáles son, en general, las principales fortalezas de lo que ofrece Proying.

Pues básicamente, una de las claves nuestras es que nos adaptamos a los entornos donde se nos llama.

 

Nosotros ofrecemos la mejor tecnología propia, la más eficaz, y lo hacemos a un precio muy competitivo. Competimos con éxito con fabricantes de otros países. Nosotros lo que hemos conseguido es ofrecer soluciones tecnológicas punteras propias a un precio competitivo y adaptadas a las condiciones de trabajo de cada cliente en su país. Nuestros últimos hornos de fusión de frita cerámica, por ejemplo, son unos 15% más eficientes que los que pueden ofrecer empresas de otros países. Pondré otro ejemplo: las empresas orientales ofrecen un horno para fritas que mayoritariamente se compone de ladrillo refractario. Pues nosotros, en su día, optamos por un tipo de horno que requiere menos cantidad de refractario y que es más eficaz. Al final, hemos obtenido una eficiencia igual o mejor al horno regenerativo pero con menos refractario, eso nos sitúa en una posición ventajosa de precio (hoy en día el ladrillo refractario está a un precio muy alto debido al aumento de precio de las materias primas en el mundo) y energéticamente con una eficiencia ligeramente superior.

 

-Hábleme sobre qué nos encontraremos en el futuro y de las previsiones que tiene Proying.

Pues le hablaré de líneas maestras: Estamos en buena parte del mundo, pero queremos sumar nuevos países. Queremos ampliar nuestro mercado en el Lejano Oriente.

 

Nuestro objetivo es crecer y aumentar el volumen de facturado en cerámica. Y cómo no, está el asunto de la depuración de gases procedentes de la valorización de los RAEE’s, es decir, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Aquí tendremos bastante campo para crecer.

 

Por otro lado, otro de los retos son los que tienen que ver con los intercambiadores de calor y los desarrollos de componentes para diferentes industrias. En todo lo que tiene que ver con este asunto, con el calor, ahorro de energía, combustibles, combustiones… ahí trabajamos intensamente porque disponemos de experiencia y tecnología.

 

Y, finalmente, aprovecho la ocasión que me brindan para remarcar que, al igual que se depuran los gases procedentes de la destrucción de las neveras domésticas, se pueden depurar los gases de salida de los hornos de cocción de baldosas cerámicas. En eso también estamos trabajando y por ahí también seguiremos creciendo.

 

-Proying cuenta con una alta cualificación de su personal. ¿Cómo ve el asunto de la formación y el acceso a los perfiles profesionales que necesita?

Para Ingenierías especializadas en fabricación y venta de equipos industriales hay que reconocer que cuesta encontrar perfiles que se ajusten a lo que necesitamos: Además del perfil de ingeniero adecuado, no es fácil, por ejemplo, encontrar ingenieros con amplios conocimientos de idiomas, como el inglés, alemán, italiano, francés… y que estén dispuestos a viajar por el mundo, etcétera. Además, desde que se contrata a un ingeniero hasta que está plenamente adaptado puede transcurrir hasta dos años. Y eso supone un esfuerzo para la empresa.

 

Y es cierto, en Proying disponemos de personal con muy alto nivel y debo confesar mi satisfacción de que nuestra rotación de trabajadores sea casi cero ya que disfrutamos de unas muy altas cotas de fidelidad, diría que ejemplares, por parte de nuestro personal hacia la empresa, lo que nos permite tener un equipo altamente cualificado e identificado con los objetivos de la compañía.

 

-¿Y qué me puede contar de la contribución de Proying a la Industria 4.0?


Nuestros equipos están completamente adaptados a la industria 4.0 ya que su sensorización permite integrarlos en los procesos productivos y en base a los datos que nos aportan, tomar las decisiones productivas adecuadas a la optimización de la producción.

 

El 80% de lo que facturamos en Proying lo hacemos fuera de España y, principalmente, en países en vías de desarrollo. Esto nos obliga a buscar el equilibrio necesario entre sofisticación y simplicidad. Componentes o equipos que se montan aquí en la industria cerámica española no es aconsejable montarlos en algunos países porque pueden tener un manejo delicado o no tener la posibilidad de obtener fácilmente repuestos o tener un mantenimiento complicado… etcétera.

 

Es decir, si sofisticas mucho el equipo, dificultas su manejo. Esto tenemos que tenerlo siempre presente y por ejemplo, cuando fabricas un software, éste debe ser de fácil accesibilidad, muy intuitivo. Hoy en día nosotros preparamos nuestros equipos con software propio, con acceso remoto directo a los equipos, a los controles. Desde aquí «on line» podemos operar, medir, sensorizar… son avances plenamente asumidos.

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