«En Moliner nos gusta fabricar maquinaria porque nos permite dar soluciones a la medida del cliente»

La empresa Moliner rezuma el oficio que solo puede ofrecer un negocio familiar cuyos orígenes se remontan a medio siglo de actividad de la mano de Santiago Moliner, su fundador. Su hijo Juan Moliner Llop tomó el relevo en una sociedad constituida hace ya tres décadas y junto a su esposa, Dolores Martí Carda, componen el tándem sobre el que pivota esta empresa radicada en l’Alcora. El primero, volcado en la dirección técnica y ella, centrada en la parte más administrativa y gerencial.

Moliner, empresa asociada a Asebec, agrupa hoy un concepto amplio de servicios a la industria que abarca ámbitos de los talleres, el diseño industrial o la ingeniería en un constante interés por la diversificación que le ha llevado a tener presencia en buena parte del territorio nacional a lo largo de los años como el cerámico, los esmaltes, la minería, químicas… en un desarrollo constante por la fabricación de maquinaria con sello propio. Para hablar de la empresa, Juan Moliner y Dolores Martí exponen las claves de un negocio familiar que nació y creció junto al clúster del azulejo.

-Juan,¿cómo fueron sus inicios?

Juan Moliner.- Pues desde lo más bajo de un negocio familiar. Recuerdo que los sábados recogía chatarras detrás de la guillotina [ríe]. Era el trabajo de aprendiz, con mi padre. Tengo que remarcar que en aquellos tiempos el aprendiz era prácticamente la sombra de un oficial, que estaba en constante formación. Eran trabajos duros pero muy necesarios que permitían modelar a aquellos chavales que, un día, llegarían a ser especialistas en los talleres en cada una de las facetas. Era así. Ibas aprendiendo el oficio y los más veteranos asumían con responsabilidad su tarea de formar a otras generaciones.

 

-En todo este tiempo, 50 años en el sector de la maquinaria, y 30 como talleres Moliner, ¿qué momentos clave destacaría?

J. M. – Tengo que decir que, desde siempre hemos estado ligados a la industria cerámica, pero también hemos tocado otros ámbitos. Es verdad que hemos ido creciendo de la mano del sector azulejero, pero ha sido un crecimiento mutuo porque siempre hemos sabido complementarnos muy bien en todo el clúster. Es decir, este crecimiento del clúster no puede entenderse sin la estrecha colaboración de los diferentes actores, como son los fabricantes de baldosas cerámicas, los esmaltes o la maquinaria cerámica, etcétera.

Sin duda, un paso muy importante fue cuando nos establecimos en estas instalaciones. Primero estábamos en una nave dentro del casco urbano de l’Alcora, como era normal en aquella época. Las fábricas eran una parte más de los barrios. Después cambiamos de ubicación y ya de manera progresiva nos fuimos desplazando a las afueras. Era la evolución natural en toda la industria. Así que, a finales de los noventa y comienzos del 2000, ya nos establecimos en la actual sede. Esto fue un cambio radical para nosotros.

 

Dolores Martí- En este tiempo no ha habido un trabajo que no hayamos hecho con una ilusión especial, porque cualquier tarea que hacemos es para nosotros muy importante. Así es y así ha sido siempre. Es difícil concretar un trabajo porque todos ellos siempre nos han marcado de manera muy positiva. Aunque sea un trabajo pequeño, la ilusión siempre es la misma que la que se da en los grandes encargos.

-Pero siempre hay trabajos que gustan más que otros…

J. M. – Lo que realmente nos gusta es ingeniar, desarrollar y fabricar máquinas. Lo que más nos llena, en definitiva, es que nuestra empresa pueda hacer todo eso y hacerlo lo mejor posible. Ese es el objetivo y esa ha sido siempre nuestra manera de trabajar.

 

¿En qué parte de los procesos industriales se les ve más?
En el sector de la cerámica prácticamente lo hemos tocado todo, pero quizás en el ámbito de la preparación de arcillas, de la materia prima, es donde más nos hemos movido principalmente.

 

-¿Cuáles son las principales fortalezas de Moliner?

D. M. – Creo que lo más importante es, sin duda, la capacidad que tenemos de hacer un traje a la medida a todo lo que nos reclama el cliente. Es decir, lo que hacemos es fabricar aquello que nos piden, dar soluciones y que éstas sean efectivas y duraderas. ¿Cómo se llega a esto? Pues con un claro conocimiento del cliente, de su empresa, de las características de su producto, de la manera que tienen de trabajar, de sus objetivos, prioridades… porque si conocemos bien al cliente podemos ofrecer el mejor servicio y saber lo que realmente quiere y que nuestras soluciones se adecúen a sus circunstancias. Es básico para nosotros.

En definitiva, es ayudar a nuestros clientes. Como se suele decir, es acoplarnos a sus necesidades, pero hacerlo con un alto estándar de calidad, que es lo que más nos gusta.

J. M. – Nuestra fortaleza es, sin duda, la fabricación de esta maquinaria.

 

-¿Qué les suele demandar el cliente?

J. M. – Por lo general, los clientes nos plantean sus necesidades y a nosotros nos gusta mucho dar las soluciones en cada momento. Esto lo podemos hacer por nuestra capacidad y por los conocimientos adquiridos a lo largo de los años. Es verdad que cada cliente tiene sus maneras y costumbres de trabajar, pero nosotros nos adaptamos a ellos, porque es importante que nuestros servicios se personalicen siempre a estas pautas de producción.

También parte de nuestro trabajo está en adelantarnos a aquello que el cliente va a necesitar. Porque no solo basta con esperar un encargo, sino en formular soluciones a futuro, porque es básico y esto permite ganarte su confianza. Digamos que el cliente siempre es la piedra angular de nuestro trabajo y ellos lo saben.

 

– Hablan mucho del cliente. Háblenme de él y de su perfil.

D. M. – Normalmente nuestros clientes son de toda la vida. Y es verdad, a lo largo de cincuenta años ha cambiado el número y su perfil, como es lógico pensar. Pero lo normal es que trabajemos con las mismas empresas a las que, afortunadamente, se van incorporando otras.

 

– Y también hablan de diversificación. ¿Hasta qué punto es importante?

J. M. – Es verdad que el triángulo azulejero ha sido el radio de acción de nuestro trabajo durante muchos años, desde el principio. Después, hemos ampliado y diversificado bastante. Así, tenemos clientes por buena parte del territorio nacional, especialmente en ámbitos de la minería, el reciclaje, químicas… es que hay maquinaria que se puede aplicar a todo tipo de industria.

 

-¿Cómo han transcurrido este tiempo de pandemia?

D. M. – La pandemia ha sido un tiempo muy complicado para todos y lo hemos llevado lo mejor posible. No ocultamos que ha sido muy difícil porque la naturaleza de este trabajo es eminentemente presencial y esto ha sido un hándicap importante a lo largo de este último año.

 

-El perfil profesional de la plantilla de Moliner requiere de una alta cualificación. ¿Cómo llevan cuando requieren nuevas incorporaciones?

D. M. – Es una batalla que tenemos todas las empresas de este sector, sin duda. Entendemos que impulsar la Formación Profesional es una necesidad no solo para la industria sino para encontrar una salida profesional de gran valor para nuestros chavales.

J. M. – Es algo en lo que coincidimos todos. Cuesta encontrar buenos electricistas, caldereros, montadores, carpinteros… el problema es común para todos. Y cuanto más especializado es un trabajo más complicado lo tenemos. Es así.

 

-Nos estamos refiriendo a trabajos habituales en…

J. M. – Pues básicamente nos referimos a mecánica, calderería, montaje…

 

-¿Qué aspectos diferencia a Moliner del resto de empresas de su sector?

J. M. – Hay que decir que hay quien compra las piezas, las monta y ya está. Ese no es el modelo que nos gusta a Moliner, donde preferimos fabricar las piezas.

-¿Tan ventajoso es fabricar?

J. M. – Básicamente, fabricar nos hace ser más independientes y podemos dotar a esta maquinaria de la calidad que nos hace únicos. Es verdad que, hoy por hoy, crece esa dependencia de terceros, pero a nosotros nos gusta imprimir nuestro sello a todo lo que fabricamos. Somos una empresa con oficio porque entendemos los oficios como base para la especialización y la continuidad de los negocios.

D. M. – Todo lo que nosotros podamos fabricar, lo fabricamos con toda seguridad y garantía en cuanto a las bondades del producto. Diseñar y fabricar es lo que a nosotros realmente nos gusta y lo hacemos como soluciones a medida. Es verdad que hemos fabricado para muchos sectores, porque hemos diversificado nuestra actividad y en esto nos ha ayudado tanto la capacidad y experiencia como en lo adecuado de nuestras instalaciones. Al ser un taller dedicado a la fabricación esto te da innumerables ventajas a la hora de abrirte a nuevos mercados.

 

-Háblenme de previsiones y de objetivos.

J. M. – Pues si le soy sincero, nuestro objetivo es seguir abiertos a la diversificación y seguir siendo útiles a esos clientes que han confiado siempre en nosotros. Digamos que nuestro objetivo es mantener la actual línea de trabajo, que nos ha permitido ser una empresa cercana y que sabe dar respuesta y ofrecer esos trajes a la medida que siempre nos han demandado. Tenemos al personal cualificado, las instalaciones preparadas… siempre para afrontar estos trabajos con las mayores garantías posibles. Nuestro deseo y nuestras previsiones van en esta línea.

 

– Pero ustedes tendrán unas prioridades en su tarjeta de visita…

D. M. – La mejor tarjeta de visita para nosotros es la satisfacción de nuestros clientes y eso es algo de lo que nos sentimos muy orgullosos en nuestra empresa.

 

– También aluden mucho a la importancia de los equipos en su empresa. ¿Hasta qué punto es importante?

J. M. – Así es. El valor del equipo es muy importante en Moliner. Estos equipos lo forman personas con nombre y apellidos, con mucho oficio en cada una de las áreas y que son el motor de la empresa. Tiene que ser así para que todo funcione como tiene que ser. El equipo, sin duda, es una pieza clave en el entramado de la empresa. Cada trabajador tiene una o varias especialidades, pero su trabajo es un eslabón dentro de una cadena y su tarea es clave para que toda la maquinaria funcione.

D. M. – Somos afortunados de contar con la gente que tenemos, porque todos los trabajadores se complementan a la perfección. Es algo que hay que destacar, porque te da una visión muy clara de lo importante que deben ser los equipos en el funcionamiento de una empresa. Formar piña y fomentar las buenas relaciones laborales es algo básico, porque enseguida se nota en el día a día de la empresa y en sus resultados.

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